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Opinión: Mujer y política: de reivindicaciones, luchas y …festejos?

Marzo es el mes emblemático en la lucha de los derechos de la mujer, por la magnitud que tuvieron varios sucesos El 8 de marzo el día instituido internacionalmente como Día de la Mujer Trabajadora, también llamado Día Internacional de la Mujer, y conmemora la lucha por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona en la vida política, civil, económica, social y cultural.

La idea de un Día de la Mujer empezó a gestarse ya en el siglo XIX, en plena revolución industrial y durante el auge del movimiento obrero, oportunidad en que las mujeres parisinas marcharon hacia Versalles pidiendo libertad, igualdad y el sufragio femenino.

Sin embargo recién en los primeros años del siglo XX, desde diferentes organizaciones internacionales de izquierda se comenzó a proclamar la celebración de una jornada de lucha específica para la mujer y sus derechos.

Revisando datos históricos, es posible ver que había distintas fechas en diferentes países, hasta que se unificó en el 8 de marzo, día instituido en 1910 durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca), y reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el año 1975.

Y se escogió el mes de marzo para esta conmemoración porque se trataba de un mes emblemático en la lucha por los derechos de la mujer en EE UU.

  • El 08 de marzo de 1908, más de 15 mil mujeres exigieron en las calles de New York, mejoras salariales, reducción de jornada y condiciones laborales dignas, fin del trabajo infantil y derecho al voto. El slogan que eligieron fue «Pan y Rosas»: el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida.
  • Tres años después, también en marzo, trabajadores textiles («garment workers») de Nueva York  realizaron una huelga. Una semana después (el día 25),  tuvo lugar el trágico “Triángulo de Fuego”, donde perdieron la vida alrededor de 140 trabajadoras de una fábrica textil (Triangle Shirtwaist Company),  por ausencia de medidas de seguridad: los dueños de la fábrica habían cerrado las puertas de las escaleras y sellado las salidas, por lo que las mujeres quedaron atrapadas.

A veces parece una celebración alegre y festiva;  sin embargo, el verdadero origen poco tiene que ver con festejos, ya que lo que se recuerda es realmente terrible. Parecería que esas injusticas quedaron atrás, pero después de tanto tiempo de luchas por  derechos y por igualdad de oportunidades, las dificultades, la discriminación y violencia simbólica y física lamentablemente siguen vigentes. 

Sin dudas hubo avances muy importantes como la patria potestad compartida, el derecho de la mujer a seguir usando el apellido de soltera luego de casada y la ley de  protección integral de la mujer y violencia de género, por citar algunas.

Sin embargo la  participación política, y muy especialmente el acceso a espacios de poder continúa siendo un largo y pesado camino, al que muy pocas pueden llegar. Algunas normativas han sido realmente positivas, pero solo se lograron a partir de largas luchas de las propias mujeres:

La ley 13.010  del voto femenino sancionada en 1947 , fue reclamada desde la misma sanción de la Ley Saenz Peña de sufragio universal. Alicia Moreau de Justo (socialista), Elvira Dellepiane de Rawson y Rosa Martínez de Vidal, (radicales) entre otras muchas, trabajaron incansablemente para lograr que las mujeres pudieran votar. En 1919 organizaron una impactante votación simbólica paralela, en varias plazas públicas, reclamando el voto femenino, del que participaron masivamente mujeres de diferentes sectores sociales y políticos.

En los 80 las Diputadas radicales Florentina Gómez Miranda y Margarita Malharro de Torres, presentaron proyectos para garantizar la presencia femenina en las listas. En  1991, con el apoyo de organizaciones de mujeres se sancionó la Ley 24.012 de Cupo Femenino y Argentina se transformó en el primer país del mundo que adoptó una cuota mínima de candidaturas legislativas para mujeres a través de la reforma de su legislación electoral (una medida que se conoce como “discriminación positiva” o acción afirmativa)

Hoy estamos hablando de paridad de género – representación equitativa de varones y mujeres que deberán ubicarse de manera intercalada- en las listas electivas nacionales y en algunas provincias como Buenos Aires (Misiones no la tiene). Paradójicamente en el Honorable Concejo Deliberante de la ciudad de Posadas, Ley de Lemas mediante (nefasta y tramposa ley que vulnera  la intención del elector), sobre catorce concejales hay solo una mujer. Todas las listas que compiten cumplen con el cupo femenino del 30%…, pero eso termina siendo un formalismo que no garantiza nada, dado que el fraccionamiento en muchos sublemas hace que solo entre el primero de cada uno: generalmente varón.

Allá por el año 1991, en pleno debate la “Ley del Cupo femenino”, en un artículo de la revista de la Juventud Radical “Algo que Decir”, cuando analizábamos las dificultades para la plena participación política de la mujer, por la discriminación, los estereotipos y los roles sociales impuestos con la consecuente “auto-discriminación”, decíamos que si las normativas no se acompañaban con acciones que actuaran sobre aspectos sociales y culturales, se corría el riesgo de reproducir esquemas de dependencia y secundariedad. Cuando el espacio político que nos asignan quienes ostentan el poder real se reduce, en el mejor de los casos, solo al estricto lugar en las listas determinado por el cupo del 30%,  estamos lejos de la igualdad de género: parece olvidarse, que se trata de un piso…no de un techo.

Por: Lic. Anita Minder