Posadas. La nota titulada «El imperio de la fealdad» hace referencia a la avenida «falsamente más ancha del mundo» en Buenos Aires donde, según el arquitecto Sergio Kiernan, se construyeron obras arquitectónicas que convirtieron al cruce de la 9 de Julio con la Avenida de Mayo, en el rincón más feo de Buenos Aires.
En un segmento de la nota se explaya sobre el Monumento a las Cataratas, construido por Mauri Closs en un negociado con Macri. «El horror urbano se agrava del lado norte, donde la provincia de Misiones se vengó de alguna ofensa porteña con una pieza de particular fealdad. Entre la avenida y Rivadavia angosta, sobre Bernardo de Irigoyen se levanta el Mingitorio Misionero, una “escultura” que supuestamente es un elogio, un símbolo o un apelativo a las cataratas del Iguazú. Se trata de un semicírculo de bloques de piedra verticales con cascotes pegados con cemento por donde pasan cañerías de agua. El agua sube y cae, creando una nubecita como de vapor y un río. Según un cartel cargado de escudos, la pieza es “una recreación de la Garganta del Diablo” que “transmite la experiencia, sensaciones, vibraciones y energía de esta Maravilla”.
Cabe destacar que en ese lugar se debía construir inicialmente un Monumento a Andrés Guacurarí cuya Ley Nacional el Congreso aprobó en 1986 (a iniciativa del legislador misionero Cleto Rauber) pero nunca fue reglamentada y menos cumplida.
Y continúa, «El mensaje tan New Age falla, porque la escultura no transmite ninguna de estas sensaciones o energías, y parece nomás un mingitorio con exceso de presión de agua. El autor –y el autor del texto– todavía se debe estar preguntando cómo hizo el gobernador Maurice Closs para creerse todo esto. De hecho, el monumento fue usado como mingitorio por la población sin techo del centro, con lo que hubo que enrejarlo. El gobierno porteño completó la plazoleta con la idea de que “entre más más, más mejor”, saturándola de objetos. Atrás del mingitorio siguen dos de las viejas esculturas de hierro que alguna vez estuvieron en Plaza de Mayo, melancólicas en su elegancia. Hay dos palmeras imperiales y tres más jóvenes, sostenidas con palos, plantadas también en platitos de maní, y otro cantero en diagonal».
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