En conmemoración del reconocido constitucionalista Juan Bautista Alberdi, hoy se celebra el Día del Abogado. Se evoca el nacimiento – el 29 de agosto de 1810-, de quien con su obra y accionar participó en la historia de la organización nacional, tanto que su escrito, “Las Bases”, es considerada la piedra fundamental de la carta magna argentina.
La celebración tiene un dato adicional en la Ciudad, ya que el próximo 5 de septiembre el Colegio de Abogados cumple sus 90 años de vida. La fecha se instituyó en diciembre de 1958, cuando la junta de gobierno de la Federación Argentina de Colegios de Abogados aprobó por unanimidad un despacho elaborado por una comisión especial que aconsejaba consagrar como Día del Abogado, para todo el país, el 29 de agosto.
El despacho recomendaba también a los colegios federados la colocación en sus sedes del retrato de Alberdi, como una manera de homenajear al pensador y recordarlo como ejemplo de virtudes republicanas y democráticas. DE LAS MAS ANTIGUAS CIVILIZACIONES Cabe destacar que los antecedentes de la profesión dedicada al conocimiento y el ejercicio de las leyes se remontan a las antiguas civilizaciones de Caldea, Persia y Egipto, pero fue en la antigua Grecia donde la actividad se jerarquizó. Para el diccionario de la Real Academia Española, “abogar” es “defender en juicio, por escrito o de palabra” y el “abogado” es “perito en el derecho, que se dedica a defender en juicio los derechos o intereses de los litigantes, y también a dar dictamen sobre las cuestiones que se les consultan”.
Los profesionales del Derecho son requeridos por los litigantes para que asesoren o actúen por ellos, en las contiendas judiciales. Pero volvamos a la historia de la profesión. Entre los hebreos había defensores caritativos, que asumían sin ningún interés económico la defensa de causas judiciales y siempre los hubo, a través de toda la historia, en Caldea, Babilonia, Persia y Egipto.
Los sabios hablaban ante el pueblo congregado, defendiendo asuntos litigiosos, pero es en Grecia donde la abogacía adquiere forma de profesión específica y jerarquizada. Ya en la antigüedad se nombra a Pericles como el primer abogado profesional reconocido por sus pares.
En Roma, en cambio, la defensa estaba atribuida a la institución del ‘Patronato” pues el “patrono” estaba obligado a defender en juicio, a su cliente: Pero la importancia y complejidad de los asuntos hizo necesario la formación de técnicos que fuesen a la vez brillantes oradores y jurisconsultos. El pueblo, en el caso de la cultura romana, se reunía en las afueras de un lugar llamado Forum, en donde se discurrían y contraponían los asuntos enojosos. El Foro adquirió su máximo esplendor durante la República, a tal punto que los pontífices eran elegidos de entre los profesionales de la abogacía, quienes llegaron a organizarse en Collegium Togatorum.
Fue Roma entonces la que le dio al mundo jurisconsultos de alto vuelo, como Ulpiano, cuya fórmula, ‘Honeste vivere” ‘Alterum non laedere” y ‘Sum quique tribuere’, es decir: “Vivir honestamente”, ‘No dañar a otro” y “Dar a cada uno lo suyo”, constituyen preceptos simples de conducta recta, no sólo para abogados, sino para todos los integrantes de una sociedad. El Fuero Juzgo – el cuerpo legal elaborado en León en 1241 – por caso, contiene preceptos relativos a los “voceros’ o ‘personemos”, fijando normas para quienes defendían derechos de otros. Carlos III, por un decreto del año 1765, dio a los abogados la honra de ser considerados nobles y caballeros.
El profesor Ruiz Guiñazú expresa que: “El abogado durante la época colonial española conserva los atributos formales de su profesión jerarquizada y con un sentido de dignidad”, mientras que el profesor Ciuratti, expone en su libro “Arte Forense”: “Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado durante 30 años de vida, que sea en conjunto, un literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la inefable memoria de un niño, y tal vez, con todo esto, forméis un abogado completo”.
Toda una reflexión sobre las condiciones requeridas por quienes dedican su vida al noble y áspero ejercicio de pedir Justicia.
(Fuente: www.eldia.com.ar)